En la redacción de esta
crónica de la Semana Santa de Osuna del año 2013, tiene que aparecer, sin más
remedio, la palabra que es casi el antónimo de cofrade: lluvia. Con este
fenómeno atmosférico presente en los últimos años, la lluvia parece no
convertirse en noticia y sí que las hermandades hagan su estación de penitencia
con normalidad. En consecuencia, sólo tres de las diez corporaciones lo realizaron
sin incidentes: la Humildad y Paciencia, Jesús Caído y Santo Entierro. De
hecho, fue la Real y Carmelita Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Humildad
y Paciencia la que inauguró nuestra semana mayor. Fue la primera que sacó su
cruz de guía el Lunes Santo para rezar el Vía Crucis con su primitivo titular.
También, porque su paso del Cristo atado a la columna fue el primero que vimos
en la calle el Jueves Santo.
El Domingo de Ramos una
fuerte granizada y la incertidumbre meteorológica posterior provocaron que la
Hermandad del Dulce Nombre de Jesús suspendiera su estación de penitencia,
aunque luego no lloviera. No fue así el Martes, Miércoles y Viernes Santo por la
tarde, que sí apareció la lluvia en las horas en las que las hermandades de la
Vera Cruz, los Estudiantes, la Paz y la Quinta Angustia respectivamente
hubieran estado realizando su desfile procesional. En estos casos, un Vía
Crucis y el canto de algunas saetas configuraron una Semana Santa en el
interior de los templos.
El alba del Viernes Santo,
por su parte, repitió el esquema de año precedente: se retrasó la salida de las
imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno y de Nuestra Madre y Señora de los
Dolores, se subió a la Colegiata y, al llegar a la Plaza Mayor, acortaron hacia
la Parroquia de la Victoria por la calle Carrera. Sin embargo, la Hermandad
Servita fue perjudicaba por recibir una leve llovizna.
Sin embargo, los
ursaonenses pudimos deleitarnos con bellos momentos como la salida y entrada de
María Santísima de la Soledad a los sones de “Amarguras” y “Madrugá”
respectivamente, el transcurrir de la Dolorosa de Jesús Caído por la Plaza de
la Merced con la marcha “Encarnación Coronada” a la vez que se le cantaba la
Salve y recibía una petalada, las interminables chicotás hacia la Colegiata de
Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores, o la imponente presencia del paso
del Triunfo de la Santa Cruz con sus roncos y luctuosos tambores.
A pesar de la
complicada crisis económica, nuestras hermandades realizan grandes esfuerzos
para el mayor lucimiento de los pasos. En este sentido, se ha restaurado la
imagen del Señor en su Entrada en Jerusalén, hecho no baladí pues se apuesta
por un tipo de imagen que, si bien es seriada, en las últimas dos décadas se
han ido suprimiendo en muchas ciudades y ahora se están revalorizando dentro de
la imaginería procesional.
Sobre los estrenos,
nuevos han sido los candelabros del misterio del Cristo atado a la columna,
acertados porque encajan y lo completan muy bien. También, las espléndidas bocinas
para la Cofradía del Santísimo Cristo de la Misericordia diseñadas por Fernando
Marmolejo. Especial mención merece el guión del Pregón de las Siete Palabras de
la Hermandad de la Vera Cruz, por representar el acto cofrade más antiguo que
se celebra en Osuna y por estar compuesto, a partir de una pieza antigua donada
por unos hermanos, con otras recicladas de la propia hermandad, siendo el resultado
final bello, original y con solera. La nueva cruz de guía de la Hermandad del
Santo Entierro incorporaba un relicario con una reliquia de Santa Ángela de la Cruz y un trozo de piedra del
“Huerto de los Olivos” de Getsemaní.
Una nueva tendencia que
se observa es la de la recuperación de enseres antiguos, como el estandarte de
enterramiento de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y una antigua
saya tachonada con estrellas de plata para María Santísima en su Soledad y
Amargura.
Los esfuerzos no son
sólo monetarios, puesto que es importante la imaginación de los priostes y
vestidores a la hora de exornar a las imágenes titulares. Gran admiración
despertó María Santísima de la Esperanza, vestida por primera vez con una saya
negra y pecherín de encaje de oro sobre el que aparecía un corazón de plata
completando al puñal. La rotura de la corona de María Santísima de la Soledad
posibilitó que usase una de corte antiguo y pequeña, muy apropiada. Por su
parte, Nuestra Madre y Señora de la Quinta Angustia lucía el corazón pectoral engarzado
con numerosas joyas con buen gusto.
Finalmente, en relación
al montaje de los pasos está el exorno floral. Se ha visto repetido en varios
de ellos la “siempre viva” en diferentes colores, morado, blanco, rosa y
amarillo: Jesús Caído y Cristo atado a la columna combinados con lirios; y
solos en el Cristo de la Paz, Santo Entierro y
Soledad y Amargura. Junto a él, el clavel, rojo, rosa o blanco: los tres
del Dulce Nombre, dos de la Vera Cruz, Jesús Nazareno y la Quinta Angustia,
ésta junto con calas. Por su parte, los de las dos vírgenes de los Dolores, la
Soledad y el Mayor Dolor apostaron por la combinación de diversas
especies: alhelíes, margaritas, antirrinos, calas, liliums, frecsias,
astromelias, etc.
La Pascua de
Resurrección abre un periodo de alegría para los cristianos, una nueva vida
tras haber enterrado al hombre viejo y pecador durante la Cuaresma. Asimismo,
es un largo tiempo de espera hasta el 5 de marzo (Miércoles de Ceniza) y el 13
de Abril de 2014 (Domingo de Ramos) en el que no podemos olvidar que nuestras
imágenes devocionales, las que han podido procesionar y las que no en esta
Semana Santa, esperan nuestras oraciones en sus capillas cada día.
Antonio Morón
Carmona.
