Muchos
pensaron que la vida de Jesús terminaría con más penas que gloria, que
olvidaríamos pronto su extraordinario ejemplo y no se cambiaría el rumbo de la
historia. Sin embargo, a los tres amaneceres de su muerte se produjo lo más
deseado. Vacío estaba el sepulcro, no había cuerpo amortajado. El Altísimo su
promesa cumplió y el hijo resucitó.
La Resurrección
de Cristo en Osuna, es el triunfo de la esperanza de todos los pobres, porque
no salió vencedor el odio de los poderosos, sino el amor del pobre perseguido.
La Resurrección
de Cristo, pobre y humilde, nos señalará el destino de todos los sencillos de la Tierra: vencer a la muerte,
porque vencer a la muerte es triunfar sobre la injusticia.
Creer en su
resurrección nos llevará a creer que con Él nuestras luchas llegarán a la
victoria sobre la injusticia, la miseria y la división de clases sociales,
porque creer en su resurrección, será creer en el triunfo del amor.
Atrás hemos
dejado una nueva Semana Santa, días de Gloria, de Fe, de cera derramada, de
incienso, de flores, de emociones, de marchas cofrades, de nervios, de sensaciones únicas e inolvidables. Ha sido
una nueva oportunidad para encontrarnos con nosotros mismos y nuestras raíces
más cristianas, una oportunidad para ser conscientes de que nada tendría
sentido si todo acabase cuando Mª Santísima en su Soledad y Amargura entrara en
su templo y se cerraran las puertas del mismo.
La Resurrección
de Cristo en Osuna, es la primera semilla de la gran resurrección de todos los
hombres y mujeres de Osuna, cuando, ni muerte, ni ninguna clase de egoísmo,
puedan romper el triunfo de la más perfecta hermandad.
En estos
tiempos tan difíciles y complicados,
Cristo resucitado es y debe ser ¡ la gran esperanza de Osuna !.
Manuel Villar González