Osuna busca el silencio, y suenan
las campanas de la colegiata, un nazareno sale por el portón de esta y con tres
toques en ella y bajo un redoble por un tambor sordo la luz se hace oscuridad y
los primeros nazarenos de la cofradía comienzan su estación de penitencia.
Tras las filas de nazarenos
perfectamente organizadas y al paso de un serio cuerpo de acólitos, el paso del
Santísimo Cristo de la
Misericordia asoma por los dinteles de la colegiata, bajo una
nube de incienso y con el silencio de un pueblo entero encontramos a Cristo
muerto en la cruz, sobre un monte de claveles del color de la sangre que le
cruza la cabeza.
Dos nazarenos piden la venia para
poder mostrar a Osuna la imagen del Señor, el mismo que murió por nosotros en la Cruz y que entregó su vida
para perdonar nuestros pecados.
En la noche ocurren momentos
mágicos como el silencio absoluto de Luis de Molina que permite a los nazarenos
concentrarse plenamente en sus oraciones que llegan al cielo. En la cuesta de
los abades, la voz de una saeta rompe el silencio para con ello aumentar la emoción del momento.
Ya de vuelta al templo, un
pasillo de nazarenos silenciosos que seguían envueltos en sus oraciones,
custodiaban el paso del Señor hasta el altar Mayor, donde dieciocho costaleros,
en su último sentir bajo el paso en este año, rezaban un padre nuestro,
quedando el paso arriado, finalizando así la estación de penitencia de la
Cofradía de la Misericordia.
>>Ver álbum fotográfico
>>Ver álbum fotográfico