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lunes, 2 de abril de 2012

El Dulce Nombre no teme a la lluvia.


¡Despierta Osuna! Que ya es Domingo de Ramos y los más pequeños quieren bendecir sus palmas, esas que les acompañarán en su primera estación de penitencia horas más tarde.

Con la mirada puesta al cielo, Osuna despertaba entre el olor a incienso y palmas que en la mañana del Domingo de Ramos podíamos percibir en las diferentes parroquias de nuestra localidad, donde todos los fieles recreaban la entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén.

Pasadas unas horas, pequeños chubascos hacían que los cofrades comenzaran a impacientarse. 

En a Iglesia de San Agustín el ambiente era tenso. Numerosos niños corrían por ella esperando recibir sus palmas para poder acompañar al Señor, otros miraban al cielo para ver como se presentaría la tarde, pero la lluvia no cesaba. La Junta de
Gobierno decide esperar poco menos de una hora, ya que las predicciones meteorológicas serían más favorables. Mientras tanto, el director espiritual de esta Hermandad y el Hermano Mayor acompañaban a los devotos en sus oraciones al cielo.  

El nerviosismo no cesaba, pero el Señor quiso que la lluvia sí.
Aproximadamente las 18:20 hrs., el toque de martillo del joven capataz José Antonio Ruiz devolvía la ilusión a todo un conjunto de hermanos que preparándose para cumplir con sus promesas, hacían comenzar un año más la Semana Santa de Osuna.

Las puertas de San Agustín se abrían y una preciosa Cruz barroca recibía el gran aplauso de todo un pueblo que esperaba con ansias la Semana Mayor.

Tras la sonrisa y la alegría que se desprendían de todo un tramo de jóvenes nazarenos, podíamos  contemplar el paso del Dulce Nombre, el que como todos los años catequizaría con el andar de 28 corazones. Entre un exorno floral de claveles, lilium y gradiolos blancos y con una preciosa túnica de cola bordada, Jesús, perdido en el templo, buscaba a su madre.

Palmas amarillas abrirían paso a la entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén, la cual con un exorno floral de claveles rojos y el tradicional olivo, y a sones de la agrupación Musical Santa Cruz de Osuna, dejarían paso a Ntra. Sra. de los Desamparados, este año volviendo a los tonos blancos de flores con claveles, lilium, gradiolos y rosas por todo el elegante palio.


Este año, la Iglesia de Santo Domingo y otras muchas calles se quedarían con las ganas de ver la ilusión y el cariño del Domingo de Ramos, ya que por la amenaza de la lluvia la hermandad no pudo hacer estación de penitencia completa, tan sólo recorriendo las calles hasta rodear la Plaza Mayor.

Tras un corto pero emotivo recorrido, la hermandad volvía a San Agustín, donde el cansancio por parte de los más pequeños se hacía presente, pero una joven cuadrilla que con ilusión y fe portan a hombros la imagen del Dulce Nombre, mostraban a todos los cofrades el trabajo realizado durante mucho tiempo.

Era la hora de volver a entrar en el templo, y con ello se cumplirían muchas promesas.

Con una preciosa cara el Paso del Dulce Nombre se despediría de la Semana Mayor, mostrándonos un claro ejemplo de la fe que una cuadrilla de costalero porta sobre sus hombros.

El paso de la Triunfal Entrada de Jesús en Jerusalén era el siguiente en despedirse del pueblo de Osuna, el cual con un andar fino y elegante entraría en la Iglesia de San Agustín.

En tercer lugar, Ntra. Sra. de los Desamparados con un señorial andar, entraría de nuevo en la casa del Señor, cerrando así una inolvidable tarde de Domingo de Ramos.

Y ese niño que buscaba a su madre la encontraría horas más tarde, cuando bajo el calor de una saeta y sobre los hombros de dos cuadrillas, el Desamparo de una madre se convertiría en Esperanza.